Mi vida entre el levante y el poniente

Saturday, June 17, 2006

Me llamo María Manuela Cuenca Rivero, soy natural de San Fernando, La Isla de León (Cádiz, Andalucía, España). Nací hace ya algún tiempo y he querido con este documento dar testimonio de una época pasada llena de claroscuros, de felicidad y tristeza. Como es en realidad la vida.

Mi madre se llamaba María Rivero Ruiz y mi padre Salvador Cuenca Aragón. Se casaron en el siglo pasado en el año 1922 y tuvo tres hijos: Rafael que nació en el año 22; Carmen que nació en el año 24 y María Manuela en el año 27. Cuando tenía mi madre 32 años se murió y nos dejó huérfanos a Rafael con cinco años, a Carmen con tres años y a María Manuela con catorce meses.

Mi abuela, la madre de mi madre y el padre de mi madre, nos cogió a los tres y nos crió y cuando teníamos 8 ó 9 años mi abuela se murió. Y para qué te quiero contar. Más vale terminar por que sería el libro de petete de grande.

Lo que no quiero es que mis hijos, mis sobrinos ni mis nietos pasen lo que pasamos nosotros, ni las penas que he pasado yo. Os quiero, besos para todos.

María Manuela Cuenca Rivero

Bueno, yo nací en las callejuelas, un barrio muy bonito y alegre de La Isla, en la calle Santa Bárbara número uno. Donde hoy es la Plaza de abastos San Antonio. Dos casas más abajo vivía una tía mía que se llamaba Anita. Allí estaba yo con mis primas y allí conocí a muchos artistas y cantaores.

Allí mismo vivían dos hermanos que tocaban la guitarra. Se llamaban José y Paco y les decían los largartos y la guitarra las tocaban como nadie. Iban allí a cantar Valderrama, El Chaqueta, el Niño de la Huerta, Cara Palo, El Compadre Joselito Montado que le decían "Castorita". Yo tenía trece o catorce años, allá por el año 35, y cantaba y bailaba. Allí se armaba una juerga que duraba hasta las tres o las cuatro de la mañana.

Cuando tocaban las guitarras José y Paco, en el silencio de la noche, aquello era una maravilla. Por las calles se podía andar y solo te encontrabas con el Sereno.

En la calle del Carmen vivía Camarón de la Isla, muy cerquita de mi casa. En casa del Camarón había siempre muchos gitanos, por que Juana, la madre del Camarón, cantaba muy bien y cuando era carnaval Luis, el padre, hacía un cajón como una casa de grande y allí se metía la madre de Camarón y el padre Luis le ponía al cajón un micrófono con un altavoz grande y una manilla que le daba cuerda, y la madre de Camarón se ponía a cantar. Y así por todas las callijuelas y todos los chiquillos detrás. Bueno, en casa del Camarón había siempre muchas juergas y allí conocí a la Perla Cádiz.

En la calle San Antonio, que le decían la esquina del gordo, había un bar que le decían Gavino el Chato. Allí conocí al Palma de la Isla, que estaba con dos mujeres y un guitarrero, que las mujeres eran prostitutas y alli estaba cantando el Palma que cantaba muy bien. No veas como cantaba las saetas.

  • La tienda de Maera


En mi calle, en la calle Santa Bárbara, había un patio donde había una puerta que daba a la calle Lauría, que había una tienda que allí me crié yo por que era de mi abuelo y después la cogió un montañés, que yo no he visto un hombre con tanta gracia, se llamaba Paco y le decían Maera (la tienda de Maera).

Allí entraba un hombre que le decían el macarrón que, cuando se tomaba una copa de más, se ponía a chillá y decía "hooooooombre" a voz en grito pero estaba chillando hasta que de verdad entraba un hombre y él decía el final de la palabra. Y Maera le decía "te quieres ir ya hijo que me vas a poner el bajío".

Una noche llegaron a la tienda El Chururú y Antonio Pavón, hermano de mi tía Luisa la cantaora, y León Salido. La tienda se llenó de gente y Maera cerró las puertas de la calle Lauría y las del patio que daba a la Calle Santa Bárbara, quedando solo la puerta del patio abierta. Coincidió que ese día había venido mi padre de Solle, que estaba destinado allí. Todos los vecinos nos fuimos a la tienda. Se puso a cantar El Chururú, yo a bailar y Antonio a tocar la guitarra. León Salido también se puso a cantar y se armó una juerga que duró hasta la madrugada.

  • El horno de León Salido


En la calle Comedia, cerca de las callejuelas, hay un horno que se llama Nuestra Señora del Carmen, pero le llaman el horno de León Salido. León era el dueño y tenía un hermano que se llamaba Ramón que se casó con mi prima Pura. León tocaba los palillos con los diez dedos de las manos y a mí me decía prima.

  • Mi tía Luisa Pavón


Cuando yo era chica me iba a casa de mi tía Luisa Pavón Torrejón, que de ella mi vecino Salvador Aleu escribió que "Luisa cantaba bien. Mayor que Antonio (su hermano y gran cantaor) había nacido en 1896. Como su hermano encontró en el flamenco, desde la infancia, la puerta de su expansión, y los vecinos de la calle San Antonio se alegraban a diario con el sonido de aquella voz fácil y con acentuada atracción por los cantes levantinos.


Por aquellos años era importante la influencia ejercida por Don Antonio Chacón, maestro del género, y los aficionados plagiaban al cantaor en la cumbre. Casos semejantes siguen repitiéndose a lo largo de la historia y cantaores nacidos en una comarca determinada poseen una tendencia a interpretar sones de otras latitudes arrastrados por imperativo de la corriente musical de moda. Con lo que queremos significar que Luisa, cuando templaba su voz, elegía unos estilos nada frecuentes en terreno salinero, sin que por ello se olvidara de los propios de su lugar. Como saetera su valoración era muy alta. Murió en 1988 y de su descendencia, su hijo Manuel Rivero tiene en su voz cuanto canta, algún rasgo que recuerda a su madre."


Como decía, iba a casa de mi tía Luisa que era la mujer de mi tío Juan Rivero Ruiz, y era una gran cantaora y saetera. Mi tío le decía "cántame una coplita macarrona" Y nos decía vamos a ir a casa de mi tía Concha la del Colorao, donde conocí al Chato de la Isla, que vivía cerca de Gallineras, y que estaba trabajando en la salina de "hormiguilla". Yo lo recuerdo viniendo de la salina en un borrico con un sombrero puesto. El Chato es primo de mi tía (y a mi me dice prima).